Hemos perdido las ciudades.

Bilboko itsasadarra 1979

Ría de Bilbao/Bilboko itsasadarra a su paso por Erandio y Sestao-Barakaldo en 1979

Nos han ganado por goleada. Nos han robado la esencia de lo que significa vivir en una ciudad. Nos han/hemos convertido en cabezas de ganado que deambulan por grandes avenidas peatonales, con carriles bici, zonas ajardinadas y tranvías eléctricos. ¿Qué hemos hecho mal?

Bien, en primer lugar, habría que plantearse qué es lo que nos define como urbanitas, como habitantes de Norteña. Podríamos decir que la tradición obrera, el perpetuo gris en el cielo y la belleza industrial y provinciana de nuestras ciudades. Tomad un ejemplo, mirad:

Calle Uría de Oviedo/Uviéu en 1967

El cartel de Botas, la insolente iluminación de los bajos comerciales, la lisura de la acera, la simplicidad de las farolas, la ciudad hecha por y para el automóvil. ¿En qué ha quedado todo esto casi cincuenta años después?

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Calle Uría de Oviedo/Uviéu en 2014. Ricardo Laso.

Esto es lo que nos ha quedado. Hemos pasado de una ciudad con todas las letras a esta especie de engendro impoluto, cuyos comercios se han visto afectados por esa terrible enfermedad llamada ‘franquicia’. Las farolas ya no son farolas, pues su objetivo principal no es iluminar las calles en la noche, sino adornar. Hemos permitido que un estúpido parterre municipal nos robe lo que más amamos, las plazas de aparcamiento.

Observad ahora esta imagen, esta alegoría del Gosplán en plena cornisa Cantábrica:

aviles

Ría de Avilés hacia finales de la década de 1970.

Teníamos vida, el esplendor de la fuerza de trabajo resuelto en naves industriales apostadas en las orillas de las rías. Dominábamos la naturaleza para adaptarla a nuestras necesidades más básicas, pues éramos primitivos pero justos con nosotros mismos. Pero Avilés tampoco se salvó:

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Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer de Avilés, 2011

Algunos lectores, imbuídos por esa atmósfera de indignación que habita en nuestro día a día, pensarán ¡Qué hijo de puta! ¡Cómo puede defender el pasado frente al progreso! ¡el gris contra el verde! Si bien es posible que yo sea hijo de una puta, no lo es tanto el hecho de que sea un tarado antropocéntrico al que le gusta ver cómo la flora y la fauna muere agónicamente. Estas imágenes no son más que el resultado de un expolio cometido por la administración pública, en el que el alma y la personalidad de tres ciudades distintas ha desaparecido para dar lugar a bulevares, museos de dudosa reputación, centros culturales supuestamente cosmopolitas y arterias comerciales salpicadas de comercios ajenos a la idiosincrasia de Bilbao, Oviedo o Avilés.

No hemos arreglado nada. Hemos barrido nuestras miserias bajo la alfombra de las esculturas, los palacios de congresos y los paseos fluviales. Hemos padecido rías amarillentas y nubes de contaminación para que, casi cuarenta años después, la sanidad, la educación, la cultura y el medioambiente de los lugares en los que vivimos estén prácticamente en peligro de extinción.

208-0233

Desembocadura de la ría de Bilbao/Bilboko itsasadarra, 2010.

Del humo al tedio en poco más de cuarenta años. Seguimos asfixiándonos.

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