El tipo del cobre oxidado

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Cera dall’alto (2012, 100×150 cm), óleo sobre papel encolado y lienzo.

Conocí a Dario en el verano de dos mil catorce, digamos que por sorpresa, en una terraza del centro de la ciudad en la que vivía por aquel entonces gracias a una antigua pareja sentimental. Un tipo raro, sin duda alguna. No tengo por costumbre preguntar, al saber de alguien nuevo, por profesiones o estudios, sólo me intereso por el origen del mismo y por su lengua. Quien haya hablado conmigo alguna vez tendrá la certeza de que esto es bien cierto; me es inevitable curiosear sobre el dialecto que hablaba la bisabuela del tipo o la tipa con la que acabo de encontrarme y todo esto va antes que saber de nombres, apellidos y demás nimiedades antroponímicas.

En esa época de mi vida, estaba obsesionado -siempre es positivo reconocerlo- con Romanzo Criminale, Gomorra, Alessandro Mannarino y Jovanotti, así que mi italiano era bastante fluído y recuerdo conversamos ignorando al resto de la mesa, incluso me atrevería a decir que también a la mujer de la que estaba enamorado en aquel tiempo.

Tras muchas vaguedades, cacharros y errores gramaticales por mi parte, descubrí dos cosas muy interesantes sobre él. La primera, que a él también le gustaba Mannarino, por lo que nos vimos obligados a cantar. La segunda, que pese a ese aire de viajero impertérrito que le caracterizaba, era un pintor afincado en Berlín.

Mi breve experiencia vital me dice y me decía que siempre desconfiase de aquel que se autodenominara artista, pues no he encontrado más que inútiles y presuntuosos bajo esa definición. Un error que me llevó a no darle mucha importancia a su condición de pittore hasta la mañana siguiente.

Y vi esto.

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Involucro anatomico XI (2011, 29×20 cm), óleo sobre cobre oxidado

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Caduta IV (2009, 200 x 160 cm), óleo sobre lienzo

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Innesco (2015, 30 x 22 cm), óleo sobre madera.

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Sub-derma V (2011, 20×20 cm), óleo sobre cobre oxidado (calcografía)

Como viene siendo habitual en mi vida, aquello que en el momento adecuado no me suscitó un gran interés, se tornó en algo realmente cautivador cuando el sujeto en cuestión ya se había ido.
Hagan caso a los raros, sobretodo si dicen que pintan. Y más aún cuando lo hacen tan bien como Puggioni.

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